Reconocer lo que muchas veces no se nombra
La violencia de género no siempre es física, ni inmediatamente reconocible. Actúa también de forma sutil y sostenida en el tiempo: control, aislamiento, descalificación, manipulación, dependencia económica, amenazas. Uno de sus primeros efectos es precisamente la dificultad de reconocerse como sujeto con criterio propio, con derecho a decir no.
Antes de poder salir, suele haber un largo trabajo interno para volver a sentirse dueña de la propia voz. La terapia ofrece ese espacio: un lugar donde nadie juzga, donde se puede ir entendiendo lo que se ha vivido sin urgencia de decidir nada.
Mi experiencia clínica
Más de diez años de trabajo clínico en el Centro Antiviolencia del Ayuntamiento de Nápoles y participación en investigaciones internacionales sobre violencia masculina (Barcelona) han configurado un enfoque específico: un encuadre construido sobre la confianza, el respeto del ritmo y la restitución de la palabra.
Cómo trabajamos
El proceso no sigue un camino único. A veces se trata de reconocer lo que está pasando; a veces de elaborar lo ya vivido; a veces de reconstruir una identidad que la violencia había erosionado. Acompaño cada uno de esos momentos con un encuadre clínico claro y un compromiso ético sostenido.